Los trabajadores de la RTP emplazan a la retirada de Portugal y a no retransmitir el festival por la presencia de Israel

La participación de Israel sigue marcando la celebración del festival que tendrá lugar la próxima semana en Viena. En esta ocasión han sido los trabajadores de la RTP, la radiotelevisión pública portuguesa, quienes han emplazado al Gobierno de su país y al propio ente audiovisual a apearse del concurso y no llevar a cabo su retransmisión. Lo hacen en una carta abierta dirigida al presidente del Consejo de Administración de la RTP, Nicolau Santos, al ministro de Asuntos Exteriores, Paulo Rangel, y a la titular de Cultura, Margarida Balseiro Lopes.
Los trabajadores de la RTP sostienen que no pueden aprobar prácticas de normalización cultural que contradicen valores fundamentales de dignidad humana, derechos humanos y derecho internacional. «Permitir la participación de Israel en un evento que se presenta como una celebración de la paz, la diversidad y la unidad entre pueblos representa un insulto a las víctimas, un intento de blanquear los crímenes y una instrumentalización cultural que la Función Pública portuguesa no debe, no puede ni va a legitimar», argumentan en la misiva, donde evocan cómo en diciembre ya expresaron por escrito su rechazo a la postura adoptada por su presidente del Consejo de Administración en la Asamblea General de la UER. «Desde entonces, y de forma incomprensible a la luz del empeoramiento de la situación humanitaria y del derecho internacional, esta decisión se ha mantenido sin cambios, ignorando la postura expresada por los trabajadores del Servicio Público», subrayan.
Los trabajadores se remontan a cómo la RTP apoyó la decisión de UER, en 2022, de excluir a Rusia del festival ante la invasión de Ucrania. «Hoy, ante la sucesión de acontecimientos en Oriente Medio, que incluyen violencia extrema contra civiles, desplazamientos forzados masivos, destrucción deliberada de infraestructuras civiles y campañas persistentes de desinformación, no es posible permanecer en silencio», recalcan, profundizando en la participación de Portugal en el certamen en un contexto sociopolítico donde se están produciendo «graves violaciones de derechos humanos» ignoradas por la UER.
También hacen un llamamiento a la «Función Pública portuguesa para que deje claro que la cultura no sirve para blanquear crímenes ni para desviar la atención de acciones condenadas por la comunidad internacional», apelando a un «compromiso ético con las poblaciones que son víctimas de violencia, desplazamiento y persecución». En la carta añaden que el boicot que proponen «no es un acto de censura cultural, es un acto de responsabilidad moral frente a las políticas genocidas cometidas por el Estado de Israel». De esta forma, piden a la RTP que siga los pasos de sus homólogas en España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia e Islandia.
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