
Intérprete
Sal Da Vinci nació en Nueva York el 7 de abril de 1969, aunque su infancia y su formación sentimental y artística quedaron ligadas a Nápoles. Hijo del cantante y actor Mario Da Vinci y de Anna, vino al mundo mientras su padre se encontraba de gira por Estados Unidos. Muy pronto regresó con la familia a la ciudad partenopea y creció en un ambiente de escenario, camerinos y música popular que marcaría toda su trayectoria.
Debutó en teatro en 1976, con apenas siete años, como niño prodigio de la sceneggiata napolitana, una forma de espectáculo popular a medio camino entre la canción, el drama y la tradición oral. Dos años después dio el salto al cine con Figlio mio sono innocente, junto a Mario Da Vinci, Pietro De Vico, Dolores Palumbo, Giuseppe Anatrella, Carlo Taranto y Gennarino Palumbo. En 1979 volvió a ponerse ante las cámaras con Napoli: storia d’amore e di vendetta, donde compartió reparto con Paola Pitagora, Richard Harrison y Nunzio Gallo. Ya en 1983 participó en Il motorino, una película de gran eco popular, y en 1987 apareció como coprotagonista en Troppo forte, con Carlo Verdone y Alberto Sordi.
Aunque durante la adolescencia siguió ligado al teatro y al cine, fue la música la que terminó imponiéndose. A comienzos de los noventa empezó a escribir y grabar sus propias canciones y en 1993 firmó con Ricordi, sello con el que publicó Vera y después Un po’ di noi. Su estreno discográfico tuvo una repercusión importante: Vera ganó el Festival Italiano de Canale 5 y la canción terminó convirtiéndose en un éxito también en el mercado hispanoamericano, en la versión Vida mi vida de Marcos Llunas. En 1995 cantó además ante Juan Pablo II en Loreto, en una retransmisión de Eurovisión de la RAI. Tres años más tarde publicó otro álbum con EMI y el vídeo de Sei divina fue uno de los más emitidos de aquella temporada, hasta llamar la atención de Eros Ramazzotti, que lo invitó a colaborar en iniciativas de la Nazionale Italiana Cantanti.
A finales de los noventa se produjo otro giro decisivo en su carrera, esta vez de la mano del teatro musical. En 1999 conoció a Roberto De Simone, que le confió el papel protagonista de Opera buffa del Giovedì Santo. El montaje debutó en enero de 2000 en el Teatro Metastasio de Prato y estuvo más de dos años de gira por escenarios italianos. Ese mismo periodo consolidó su perfil de artista versátil: lanzó el sencillo Vurria saglire in cielo, participó en televisión en Viva Napoli con Mike Bongiorno y obtuvo el Premio Internazionale Videoitalia como mejor intérprete y artista más votado en el extranjero.
La gran consagración popular en los escenarios llegó con C’era una volta… Scugnizzi, musical de Claudio Mattone y Enrico Vaime con dirección y coreografías de Gino Landi. Entre 2002 y 2007 protagonizó la obra durante cuatro temporadas teatrales, con unas 600 funciones y alrededor de 650.000 espectadores, cifras que la convirtieron en uno de los títulos más sólidos de su trayectoria. Después siguieron proyectos como Anime napoletane, producido por Claudio y Tullio Mattone, y el espectáculo Canto per amore, que mantuvo su nombre muy presente en los teatros y en la televisión italiana.
En 2009 dio uno de los pasos más visibles de su carrera discográfica al competir por primera vez en el Festival de Sanremo con Non riesco a farti innamorare, una canción firmada junto a Vincenzo D’Agostino y Gigi D’Alessio. Aquel regreso a la primera línea de la canción italiana se saldó con un tercer puesto que reforzó su perfil nacional sin apartarlo del teatro, terreno en el que siguió moviéndose con naturalidad durante la década siguiente.
Su gran resurgir comercial llegó en 2024 con Rossetto e caffè, escrita junto a Vincenzo D’Agostino y Luca Barbato. La canción se convirtió en un fenómeno transversal en plataformas, televisión y redes sociales, y obtuvo la certificación de doble platino en Italia, algo que devolvió a Sal Da Vinci al centro de la conversación musical varias décadas después de su debut. Él mismo ha presentado ese éxito como una especie de reivindicación personal tras muchos años de carrera entre focos más intermitentes que continuos.
Esa nueva ola de popularidad desembocó en otro hito: en 2026 regresó al Festival de Sanremo y ganó con Per sempre sì. La victoria le abrió la puerta a representar a Italia en Eurovisión, confirmando una segunda juventud artística para un intérprete que había atravesado cine popular, canción napolitana, teatro musical y televisión antes de reencontrarse con el gran público masivo. Su figura resume, en buena medida, la continuidad entre la tradición escénica napolitana y la canción melódica italiana contemporánea.
En el plano personal, está casado desde 1992 con Paola Pugliese, a la que conoció siendo muy joven y con la que ha formado una pareja estable durante más de tres décadas. De esa relación nacieron sus dos hijos, Francesco y Annachiara. Francesco siguió la estela familiar entre la música y la interpretación, mientras que Da Vinci ha contado en entrevistas que su familia fue decisiva para sostenerle en los años más duros, incluidos periodos de dificultades económicas en los que llegó a temer por la estabilidad del hogar.
Texto: Javi Regalado, "Djobí". Marzo de 2026
Festival de Sanremo 2026
28/02/2026
Resultados: TOP 10 del Festival de Sanremo 2026:
- Sal Da Vinci – Per sempre sì
- Sayf – Tu mi piaci tanto
- Ditonellapiaga – Che fastidio!
- Arisa – Magica Favola
- Fedez & Masini – Male Necessario
- Nayt – Prima che
- Fulminacci – Stupida sfortuna
- Ermal Meta – Stella stellina
- Serena Brancale – Qui con me
- Tommaso Paradiso – I romantici
Actuación Final Nacional
Videoclip
Sal Da Vinci
Per sempre sì
Salvatore Michael Sorrentino (Sal Da Vinci), Alessandro La Cava, Federica Abbate, Federico Mercuri, Giordano Cremona y Eugenio Maimone - Francesco Sorrentino, Alessandro La Cava y Federica Abbate
Carátula
Álbum que incluye el tema

Letra de la canción
Versión original
Io che per te ero solo un uomo sconosciuto
Poi diventato un re dal cuore innamorato
Tu una regina, ora vestita in bianco sposa
Abbiamo sognato figli in una grande casa
E superato tutte le difficoltà
Perché un amore non è amore per la vita
Se non ha affrontato la più ripida salita
E si accenderà la musica e qui ti aspetterò
Il più grande giorno ti regalerò
Saremo io e te per sempre
Legati per la vita che
Senza te non vale niente
Non ha senso viverе
Con la mano sul petto
Io te lo prometto davanti a Dio
Sarеmo io e te
Da qui sarà per sempre «sì»
Ma insieme a te non mi spaventerà perché
Costruiremo tutto, ma non alzeremo un muro
Litigare e far l’amore e poi che male c’è?
E si accenderà la musica, per te io canterò
Il più grande giorno ti regalerò
Saremo io e te per sempre
Legati per la vita che
Senza te non vale niente
Non ha senso vivere
Con la mano sul petto
Io te lo prometto davanti a Dio
Saremo io e te
Da qui sarà per sempre «sì»
Soltanto «sì»
Per questi giorni e mille altri ancora
Un semplice «sì»
L’eternità è dentro una parola
Legati per la vita che
Senza te non vale niente
Non ha senso vivere
Con la mano sul petto
Io te lo prometto davanti a Dio
Saremo io e te
Accussí sarrà pe sempe «sì»
Letra de la canción
Versión traducida
Todo empezó desde el principio.
Yo, que para ti era solo un hombre desconocido.
Luego me convertí en un rey de corazón enamorado.
Tú, una reina, ahora vestida de blanco como novia.
Hemos soñado con hijos en una gran casa
y hemos superado todas las dificultades.
Porque un amor no es amor para toda la vida
si no ha afrontado la subida más empinada.
Y se encenderá la música y aquí te esperaré.
Te regalaré el día más grande.
Seremos tú y yo para siempre,
unidos de por vida, que
sin ti no vale nada,
no tiene sentido vivir.
Con la mano sobre el pecho
te lo prometo delante de Dios.
Seremos tú y yo.
Desde aquí será para siempre “sí”.
Sé bien que el futuro es una gran incógnita,
pero junto a ti no me dará miedo, porque
lo construiremos todo, pero no levantaremos un muro.
Discutir y hacer el amor, ¿y qué tiene eso de malo?
Y se encenderá la música, para ti cantaré.
Te regalaré el día más grande.
Seremos tú y yo para siempre,
unidos de por vida, que
sin ti no vale nada,
no tiene sentido vivir.
Con la mano sobre el pecho
te lo prometo delante de Dios.
Seremos tú y yo.
Desde aquí será para siempre “sí”.
Solo “sí”.
Por estos días y mil otros más todavía.
Un simple “sí”.
La eternidad está dentro de una palabra.
Seremos tú y yo para siempre,
unidos de por vida, que
sin ti no vale nada,
no tiene sentido vivir.
Con la mano sobre el pecho
te lo prometo delante de Dios.
Seremos tú y yo.
Así será para siempre “sí”.
Conversación