Eurovisión

La UER finge normalidad en Eurovisión mientras el desgaste reputacional y la desafección del público crece

A pesar de la aparente normalidad que quiere trasladar la UER, un análisis detallado de los hechos, declaraciones públicas de responsables de radiotelevisiones europeas y datos de seguimiento del festival dibujan un escenario marcado por la aplicación arbitraria del reglamento, la politización creciente, un déficit democrático interno y señales claras de debilitamiento de la marca Eurovisión
Redacción · Fuente: eurovision-spain.com
Publicado el día 15 de enero de 2026
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Martin Green, director de Eurovisión (UER)

La UER finge normalidad en Eurovisión mientras el desgaste reputacional y la desafección del público crece

La Unión Europea de Radiodifusión (UER) insiste en trasladar un mensaje de estabilidad institucional y continuidad del proyecto de Eurovisión en uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Así lo ha defendido el director del festival, Martin Green, durante una videoconferencia con medios seleccionados, a la que ha asistido eurovision-spain.com. Durante la sesión, el responsable minimizó el impacto de la retirada de varios países, entre ellos España, defendió la neutralidad del certamen, cuestionada por televisiones como RTVE, y reivindicó el carácter democrático del organismo a pesar de la toma de decisiones arbitrarias. También defendió la decisión de los organizadores de no aplicar sanciones a países que vulneran de forma sistemática el reglamento del festival, como es Israel.

Un análisis detallado de los hechos, declaraciones públicas de responsables de radiotelevisiones europeas y  datos de seguimiento del festival dibujan un escenario muy distinto al de normalidad que intenta trasladar la UER marcado por la aplicación arbitraria del reglamento, la politización creciente, un déficit democrático interno y señales claras de debilitamiento de la marca Eurovisión.

Arbitrariedad en la aplicación del reglamento

Durante la videoconferencia con prensa, los medios preguntaron a Martin Green sobre las sanciones cuando un país rompe las reglas de Eurovisión, en clara alusión a Israel. La UER mantiene un discurso de defensa de un sistema de control basado en la evaluación “caso por caso”. Green aseguró que “no existen sanciones predeterminadas” y que cada situación es analizada individualmente por el Grupo de Referencia.

Esta afirmación contrasta con las críticas formuladas públicamente por directivos de radiotelevisiones europeas. El propio presidente de RTVE, José Pablo López, respondiendo a una carta abierta del propio Martin Green, evidenció que la UER no actúa con criterios homogéneos, sino que aplica sanciones en función de sus alianzas geopolíticas y económicas, y no tras un análisis objetivo de cada caso. Según López, esta falta de coherencia erosiona la credibilidad del reglamento y de la propia marca Eurovisión, y alimenta la percepción de trato de favor hacia determinados países, especialmente en lo relativo a Israel.

Politización y daño reputacional sin precedentes

La UER sostiene que Eurovisión sigue siendo un espacio ajeno a la política y que la actual crisis no tiene un impacto significativo en la reputación del certamen. Sin embargo, de nuevo José Pablo López advirtió de que el festival atraviesa el mayor grado de politización de su historia, una situación que, lejos de resolverse, ha sido agravada por las decisiones de la dirección de la UER.

La retirada de países como España, Países Bajos, Irlanda, Islandia o Eslovenia no se explica únicamente como una discrepancia puntual, sino como un síntoma de un conflicto estructural entre los valores que la UER proclama y las decisiones que adopta. La insistencia en proyectar una imagen de normalidad ante la prensa contrasta con el hecho de que la edición de Viena 2026 contará con solo 35 países participantes, la cifra más baja de las últimas dos décadas

Una democracia cuestionada desde dentro

Otro de los pilares del discurso oficial, defendido por Green, es la supuesta naturaleza democrática de la UER. Green afirmó durante la videoconferencia que las diferencias internas en el seno de la UER y de Eurovisión son normales y que la diversidad de opiniones fortalece al festival. No obstante, esta narrativa se ve seriamente cuestionada por lo ocurrido en la Asamblea General de diciembre de la UER, donde, según denunciaron varios miembros, no se permitió votar sobre cuestiones clave, como la participación de Israel en Viena tras vulnerar el reglamento en los últimos dos años.

El propio presidente de RTVE calificó aquel proceso como una “farsa”, poniendo en duda la legitimidad de un organismo que se presenta como democrático mientras limita la capacidad de decisión de sus miembros cuando el debate resulta incómodo. Este episodio ha reforzado la sensación de opacidad y centralización del poder dentro de la UER, alejando aún más a las radiotelevisiones críticas.

Con todo, Green aseguró a los medios de comunicación que será tras el festival de Viena cuando la UER redoble esfuerzos y mantenga conversaciones “fluidas y abiertas” para intentar que las televisiones disidentes regresen al festival en 2027.

Señales claras de desgaste en la marca Eurovisión

Frente a otra afirmación de Green durante la videoconferencia de que “los números se mantienen tan fuertes como siempre”, los datos de engagement digital ofrecen una lectura muy diferente. El sorteo de semifinales de Eurovisión 2026, celebrado la semana pasada, registró 93.000 visualizaciones en YouTube, una cifra muy inferior a las 242.000 alcanzadas por el sorteo del año anterior, incluso teniendo en cuenta el mayor margen temporal de acumulación de visitas.

Este descenso no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia que refleja un debilitamiento del compromiso de los fans en redes sociales y plataformas digitales. Para un evento cuya fortaleza reside en su comunidad internacional y en la conversación constante, la caída del interés previo a la celebración del festival constituye un indicador relevante del desgaste de la marca.

Un discurso que ya no convence

La defensa cerrada de la UER, basada en la venta rápida de las entradas para la edición de Viena o en la continuidad de las estructuras internas, no logra ocultar una realidad cada vez más evidente: la brecha entre el discurso institucional y la percepción externa de los seguidores del formato es cada vez más amplia. La insistencia de la UER en minimizar los conflictos puede resultar eficaz a corto plazo, pero no aborda las causas profundas que han llevado a miembros históricos como España, Países Bajos o Irlanda a romper con el festival.

A pesar del discurso institucional de aparente normalidad trasladado por Green a los medios de comunicación, Eurovisión se enfrenta a un dilema estructural: o acomete una revisión profunda de su gobernanza, su transparencia y la aplicación de sus normas, o corre el riesgo de que la desafección interna y el desgaste reputacional acaben afectando de forma irreversible a uno de los formatos televisivos más longevos y reconocibles de Europa.

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