Euroflashback 1985: Cuando la fiesta terminó… a ritmo de swing

La fiesta eurovisiva. Un término manido y, ahora, tan sentido como añorado. De hecho, este año, tanto para la española como para otras delegaciones, la fiesta terminó y el festival se percibe desde una perspectiva diferente, incluso lejana. Cuatro décadas después, el título con el que Paloma San Basilio representó a España en el certamen cobra una mayor dimensión, aunque entonces aquella propuesta -que mereció una mejor posición sobre el escenario del Scandinavium de Gotemburgo- supuso un paso más hacia el estrellato de una de las mejores artistas del país. Quién sabe si este punto y aparte también propiciará que se abran unas perspectivas más acogedoras.
Aquella edición de 1985, celebrada un 4 de mayo en Suecia, gracias a la victoria de los Herrey’s en Luxemburgo, y que tuvo como invitada de honor, por vez primera, a la histórica Lys Assia, hizo que la corona no abandonara tierras nórdicas merced a un dúo igual de icónico, las noruegas Bobbysocks, cuyo estribillo de La det swinge forma parte de la banda sonora en cualquier playlist del concurso. Ellas, que se impusieron a la favorita Alemania, rescataron a su delegación del pozo de malos resultados a los que acostumbraba para rubricar el debut de Noruega el palmarés de vencedores. Mientras, la apuesta de RTVE tuvo que conformarse con un puesto 14, sexta por la cola empatada con Turquía, del todo punto incomprensible, que no casó ni con la calidad de la composición ni con la sobresaliente interpretación de su abanderada.
El estadio, aquellos de la época pero con 8.000 espectadores in situ, se vino abajo literalmente porque fue el de mayor envergadura donde se había desarrollado el festival hasta la fecha. A las retiradas de Países Bajos y Yugoslavia por coincidir la jornada con días de luto nacional (con el día del recuerdo a los caídos en la II Guerra Mundial y conflictos posteriores, en el caso del primero, y con el que se recordaba el fallecimiento del mariscal Tito, en el caso del segundo) se unieron los regresos de Grecia y la ínclita Israel.
Si algo llamó la atención, más incluso que la competición en sí, fue cómo se desenvolvió la maestra de ceremonias Lill Lindfors, artista polifacética y de dilatada experiencia, representante sueca de 1966 junto a Svante Thuresson, logrando la segunda plaza por detrás del austriaco Udo Jürgens, y que desempeñó su tarea de modo desenfadado. Es más, abrió el espectáculo interpretando My Joy is Building Bricks of Music, versión inglesa de un tema propio del año 1978, titulado Musik ska byggas utav glädje, con la complicidad del saxofonista Hector Bingert, siendo esta la primera ocasión en que la persona encargada de conducir el programa interactuó abiertamente con el público. Para más inri, es la única presentadora de Eurovisión que condujo el programa en su mayor parte sentada, siguiendo desde allí, junto al puesto del director de orquesta, cada una de las actuaciones.
Protagonizó además una de las anécdotas más recordadas de la historia ya que, cuando salió al escenario para dar paso a las votaciones, su falda se enganchó en una de las columnas que formaban el decorado, dejándola en ropa interior de cintura para abajo. Pasó el trago soltando unos pliegues de los hombros que extendieron otro vestido. El publicó comprendió la broma y respondió con risas y aplausos, tras lo cual Lill tomó asiento para recibir los votos del primer jurado exclamando «sólo quería despertarles un poco». Los mentideros cuentan que el gag, que no había sido incluido en los ensayos, molestó a algunos directivos de la UER, decidiéndose que a partir del año siguiente la gala fuese exactamente igual al último ensayo general.
Viva la vida a la finlandesa
Lindfords presentó muchas canciones en el idioma del país, las postales se dedicaron a los compositores, se dispuso por primera vez en el marcador el orden provisional de clasificación y hasta el público pudo comprar entradas para los ensayos, un show que debutaba también en emisión vía satélite.
Alzó el telón la irlandesa Maria Christian con la preciosa balada Wait Until The Weekend Comes, compuesta por el prolífico Brendan Graham, que le llevó al sexto puesto, siendo la primera participante invidente de la que se tiene constancia, si bien en aquel momento este dato no trascendió por expreso deseo de la propia cantante. Dejó la música y treinta años más tarde reapareció primero en La Voz Irlanda y después en la versión francesa. La finlandesa Sonja Lumme llegó con un pop fresco y movido acorde con su estilismo, Eläköön elämä, para quedarse en la novena posición y destacar más en su carrera posterior como actriz y presentadora.
Peor suerte corrió la chipriota Lia Vissi (puesto 16) con To katalava arga tras ejercer de corista de Elpida en 1979. La traducción del título de su canción (Lo comprendí tarde) viene bien para explicar su sentimiento después de que intentara volver al festival tres veces (dos con Grecia) y ser segunda en esas preselecciones. Su periplo profesional lució más como célebre profesora de canto que hizo una incursión en la política desde posiciones conservadoras.
Tampoco caló el Sku’ Du Spørg’ Fra No’ en de la pareja danesa Hot Eyes (undécimos), pese a la presencia de la hija de Søren (Lea, de nueve años) en el escenario, creyendo que mejorarían su éxito precedente, ya que el año anterior fueron cuartos con Det’ lige det (Sólo es eso), haciéndose famosa la anécdota de que Kirsten arrojó a Søren a la piscina que había en el escenario del Dansk Melodi.
No se amilanaron puesto que lo intentaron tres veces más, y a la tercera retornaron en 1988 con Ka’ du se, hva’ jeg sa’?, con Kirsten en avanzado estado de gestación, quedando terceros en Dublín, la mejor plaza conseguida por Dinamarca desde 1963. Al año siguiente, Søren compuso la canción Vi maler byen rød e hizo los coros a la veterana Birthe Kjær, repitiendo la marca en la tabla. Aquel 1985 fue su aparición más discreta y es que la incursión de la pequeña en escena, gesticulando e incluso cantando, provocaba más despiste que atracción.
Paloma voló alto para quedar tan bajo
Acto seguido irrumpió Paloma San Basilio. La fiesta terminó, del célebre compositor Juan Carlos Calderón, fue seleccionada de entre un total de 39 canciones presentadas tanto por sellos discográficos como por particulares. De corte clásico, melódico y dramático que narra el fin de una relación -que bien podría ilustrar la manera en que España se ha bajado ahora del barco eurovisivo-. 36 puntos (12 de Turquía, 8 de Finlandia, 6 de Grecia, 4 de Reino Unido, 2 de Irlanda y Portugal y 1 de Luxemburgo y Chipre) y cabe preguntarse el porqué de tan escaso rédito en las votaciones de quien después realizó un concierto en el Miami Arena junto a Plácido Domingo o batió todos los récords con su musical Evita en Madrid durante dos ininterrumpidos años, entre otros muchos éxitos de su carrera, como la atemporal y radiable canción Juntos.
Reconocida como una de las mejores voces de su generación, cuando se le ha preguntado alguna vez por su decisión de ir al certamen, ha dicho: «De algo hay que morir. Ahora los espectáculos eurovisivos son impresionantes. Tienen una gran puesta en escena y creatividad. No me extraña que haya tantos fans del festival porque yo no me lo pierdo. Es mágico lo que hacen en Eurovisión», confesaba no hace mucho a RTVE, hasta el punto de ser una de las artistas invitadas al Benidorm Fest de 2026. Ya en 1977 se habló de su participación con la canción ¿Dónde vas?. En aquella ocasión no consiguió ser seleccionada porque, según declaró la propia intérprete, «supongo que era necesario enviar algo más fácil, más rítmico». En tierras suecas lució un espectacular vestido de gasa con pedrería, escote en V y hombreras, pero lo que más sobresalió fue su derroche de voz y personalidad. Solo misterios insondables eurovisivos explican el flop clasificatorio. Eso sí, su fiesta aún prosigue.
Cerrando el Top 10 quedó instalado el francés Roger Bens con Femme dans ses rêves aussi, una balada alejada de la tradición gala que no pasó a la historia, al igual que él, ya que poco o nada se supo después ni de su vida ni de su carrera musical. Tampoco cuajó la banda turca MFÖ y su Didai didai dai, rebautizado título inicialmente llamado Asik oldum (Estoy enamorado), menos atractivo que sus trajes blancos y sombreros venecianos que acompañaron sus saltitos arrítmicos sobre el piso. El farolillo rojo, con solo 7 puntos, fue a parar a manos de la belga Linda Lepomme con Laat me nu gaan, candidatura que llegaba ya maldita puesto que se había seleccionado originalmente la canción Vannacht, interpretada por Mireille Capelle, pero disputas sobre la letra hicieron que la televisión estatal en lengua flamenca la cambiara.
Un puesto por encima quedó la portuguesa Adelaide con Penso em Ti (Eu Sei). Merece la pena comentar que sus inicios en el mundo artístico y su vida posterior no fueron nada fáciles, y marcaron su personalidad. Recibió malos tratos por parte de su padre, quien se opuso tajantemente a su relación con el que sería su primer gran amor, el pintor José Pires, a quien no pudo olvidar durante toda su vida. Afiliada al Partido Comunista luso pasada la Revolución de los claveles, en 1984 participó en el Festival da Cançao con la canción Quero-te, Choro-te, Odeio-te, Adoro-te, y aunque solo quedó en cuarta posición, obtuvo el premio de Interpretación del certamen. Ese mismo año fue invitada a representar a su país en el Festival de la OTI, en el que consiguió un meritorio segundo puesto con la canción Vem no meu sonho. El premio de acudir a Eurovisión llegó meses después aunque el resultado fue decepcionante para la apodada Céline Dion portuguesa. Activista social, se sintió muy feliz con la victoria de Salvador Sobral, que representaba la «esencia» de su país, y ha interpretado su tema en alguno de sus conciertos.
La Alemania de Ralph Siegel
A continuación apareció el grupo alemán Wind y su Für alle (103 puntos, a 18 de las triunfadoras), con un resultado que les dejó con la miel en los labios. No en vano, llegaban de la mano de Ralph Siegel, que buscaba una formación para participar en el festival. Sus miembros fundadores, elegidos por el conocido autor y productor, fueron Alexander Ala Heiler, Christiane von Kutzschenbach, Willie Jakob, Sami Kalifa y Petra Scheeser. Christiane, Ala, Willie y Sami habían estado juntos previamente formando el grupo a capella Voices in Touch. Rainer Höglmeier se incorporó como vocalista principal al firmar con la discográfica Jupiter records.
La vista comercial de Siegel no falló: la banda triunfó en la preselección para llevar a Suecia una propuesta himno y, lejos de conformarse, en 1987 vuelven a probar suerte en la final alemana y de nuevo vencen acudiendo a Eurovisión con Laß die Sonne in dein Herz, que vuelve a quedar en Bruselas en la segunda plaza. Rainer Höglmeier y Willie Jakob habían dejado el grupo para iniciar sendas carreras en solitario y fueron sustituidos por Andreas Andi Lebbing y Rob Pilatus. ¿Acabaría ahí la cosa? No. Con nuevas caras, en 1992 Wind vuelven a ser elegidos representantes pero esta vez no pasaron de la posición 16. Cabe destacar que Rob Pilatus fue uno de los componentes de Milli Vanilli. El descubrimiento del conocido fraude (no eran ellos realmente los que cantaban en sus discos) le llevó a un estado de decadencia personal que acabó con su vida el 2 de abril de 1998 por sobredosis.
Al Bano y Romina, de película
En el quinto escalón terminó el afamado Izhar Cohen con Ole, ole y una estela alargada: ser uno de los componentes de The Alphabeta que había conquistado la victoria en 1978 con A-Ba-Ni-Bi. ¡Y es que trece de los concursantes ya habían participado anteriormente en el festival! Tras él, dos mitos: una de las parejas más renombradas de la historia de la música y del papel couché, los italianos Al Bano y Romina Power, que se consolaron con la séptima posición con su Magic, Oh Magic. Artífices de innumerables hits en la época, repitieron el puesto final de 1976, cuando fueron abanderados con We’ll Live It All Again. En 1982 habían sido segundos en Sanremo con Felicità, canción de la que venden 6 millones de copias y, en 1984, vuelven para ganar el prestigioso festival italiano con Ci Sarà. La suya es una historia que daría para serial en una plataforma.
El triunfo del swing
Este tramo del show no pudo ser más excitante, ya que de inmediato participaron las ganadoras, el dúo Bobbysocks que formaban Hanne Krogh y Elisabeth Andreassen, a quienes les bastó la corta suma de 123 puntos tras conocerse dos años antes en el Festival de Knocke, donde idearon retomar viejos temas retro de los años 50 y 60. Amantes del swing y el boogie-woogie, sus armonías vocales y espontaneidad fueron la clave de su éxito. Su primer single fue I Don’t Wanna Break My Heart, en esa línea.
La det swinge fue traducida al inglés y arrasó en varios países. Se separaron poco después en la cima del éxito pero se juntan cotidianamente para rememorar este momento cumbre de sus vidas aunque han tenido más relación con el festival integrando otros grupos por separado. Su energía sedujo a los jurados: el 12 de Irlanda, Dinamarca, Bélgica, Alemania, Israel, Reino Unido, Suecia y Austria, 7 de Luxemburgo, 6 de Italia y Suiza, 4 de Finlandia, 2 de Francia y 1 de España y Grecia. Tal es su tirón que en 2025 buscaron el revival presentándose a la preselección noruega con Joyful… pero no corrieron la misma suerte pese a lograr una meritoria tercera plaza, segundas del televoto.
Kikki, al fin, pisó el festival
Mientras, la británica Vikki firmó la cuarta plaza con Love Is y unos redondos 100 puntos, antes de experimentar una transformación radical a lo largo de los años acabando vinculada con la música celta y el esoterismo. Pesó más el hecho de ser Reino Unido que el de una canción sin apenas chicha. Mientras, los suizos Mariella Farré y Pino Gasparini iban tan Piano, Piano que no pasaron del puesto 12. Venía ella de ser decimoquinta en Múnich 1983 y algo pudo escalar en un año donde sí que ganó el festival de Seúl, pero la propuesta no daba para más que martillearte decenas de veces repitiendo el título de la canción.
Mucho mejor le fue a la sueca Kikki Danielsson, tercera con Bra vibrationer (103 puntos). Nueve veces concursante del Melodifestivalen, tras pasar por varias bandas, en 1982 fue octava en el festival junto a Britta Tanja Johansson formando el dúo Chips. Su vida descarriló en la primera década del actual siglo con serios problemas con el alcohol y su obesidad mórbida, siendo detenida varias veces por conducir ebria, llegando a perder el carnet. En 2018 participó en el Melfest con la canción Osby Tennessee, terminando 7ª en la primera semifinal.
Un final dedicado a la infancia
La octava plaza fue a parar al austriaco Gary Lux con Kinder dieser Welt, enarbolado por su extensa vinculación con Eurovisión dado que ha participado seis veces, tres como intérprete y tres como corista, y otras dos en la preselección austríaca. La noche la cerró Luxemburgo (puesto 13) con unos representantes que tienen el honor de tener el nombre más largo de artista en la historia del certamen, es decir, los suyos: Margo, Franck Olivier, Chris Roberts, Malcolm Roberts, Ireen Sheer y Diane Solomon. Todos ellos entonaron Children, Kinder, Enfants.
Ireen Sheer es de los seis la que tiene una carrera más relevante, habiendo participado en Eurovisión en tres ocasiones: en 1974 por Luxemburgo (4ª posición con Bye, bye, I love you), en 1978 por Alemania (6ª con Feuer) y 1985 de nuevo por Luxemburgo en el sexteto que nos ocupa, también todos de impoluto blanco. Se da la coincidencia de que Austria y Luxemburgo acabaron esta fiesta tratando la temática de la infancia.
Cascada de tragedias
El mundo caminaba entre interrogantes, aperturas y desazones. Fue el año de la firma del tratado de adhesión de España a la Comunidad Económica Europea (actual Unión Europea). Y en el que un 19 de febrero se estrellaba en el monte Oiz, cerca del antiguo aeropuerto de Sondika, un avión de Iberia, con trayecto entre Madrid y Bilbao, falleciendo los 148 ocupantes. Días antes, un grupo de delincuentes se llevaba como botín 1.200 millones de pesetas de la sede de Banesto en la madrileña Plaza de la Lealtad y se abría la verja de Gibraltar.
El país sufría su primer atentado yihadista en el restaurante El Descanso. Más de 18 muertos y 70 heridos fue el resultado de la gran explosión del inmueble, situado en Barajas y frecuentado por personal estadounidense de la base aérea de Torrejón de Ardoz. Las siglas del GAL asomaban, al igual que los nombres del coronel Galindo y del cuartel Intxaurrondo, con la aparición del cadáver del miembro de ETA Mikel Zabalza. Y se aprobaba despenalizar el aborto en tres supuestos.
Internacionalmente, impactó la tragedia del estadio de Heysel en Bruselas en la final de la copa de Europa entre Juventus y Liverpool. 38 espectadores, en su mayoría italianos, mueren, y más de 250 resultan heridos cuando un ataque en masa de hinchas británicos provoca que seguidores de la Vecchia Signora derribaran un muro de hormigón en su huida. En paralelo, se producía un cambio generacional en el Kremlin: en sustitución del fallecido Chernenko, Gorbachov es elegido secretario general del PCUS y, por tanto, líder de la Unión Soviética. En Colombia, la erupción del volcán Nevado del Ruiz provoca la tragedia de Armero, dejando más de 20.000 víctimas mortales; un seísmo de magnitud 8.1 sacude la Ciudad de México, causando miles de muertes; un incendio en el aeropuerto de Mánchester en un Boeing 737 deja 54 muertos; y el descarrilamiento de un tren cerca de Argenton-sur-Creuse otros 46.
Aquel 1985 vinieron al mundo la eurovisiva Edurne, los cantantes Bruno Mars, J Balvin o Lana del Rey, las actrices Anna Kendrick y Ashely French, el actor Martiño Rivas, el modelo Jon Kortajarena o el futbolista Cristiano Ronaldo; pero perdíamos a los actores José Bódalo y Rock Hudson, al director de cine Orson Wells y al poeta Salvador Espriu. Ocurría en un contexto donde la tecnología se abría paso con la compañía Nintendo lanzando su exitosa videoconsola Nintendo Entertainment System. Amadeus triunfaba en los Oscar mientras en cartelera se estrenaban Cocoon, Cumbres borrascosas, El color púrpura, La joya del Nilo, Los inmortales y Los Goonies, afianzándose la saga de Rambo o Pesadilla en Elm Street. Y mientras, deportivamente, el ucraniano Sergéi Bubka se convertía en el primer saltador de pértiga en superar los 6 metros; Martina Navratilova dominaba el tenis femenino; Pedro Delgado ganaba la Vuelta a España; el Everton su última Premier inglesa y el Barcelona de Terry Venables la Liga española.
Estreno de series inolvidables
Televisivamente, dieron comienzo las emisiones regulares de la autonómica gallega TVG e Informe Semanal emitía el reportaje Colombia bajo el volcán, de Ana Cristina Navarro, sobre las consecuencias de la erupción del volcán Nevado del Ruiz y en especial la agonía de la niña Omayra Sánchez, que conmocionó a todo el país. Carlos Tena presentaba musicalmente en la UHF (La 2) Auanbabulubabalambambú, Pedro Ruiz andaba Como Pedro por su casa, pequeños y mayores se sentaban los fines de semana a ver David el gnomo, José Luis Moreno animaba las noches del sábado Entre amigos, aparecieron Los Electroduendes, triunfaban Los pazos de Ulloa, y Jordi Hurtado era ya todo un fenómeno con el concurso Si lo sé no vengo. Pero la eclosión de series de culto disparaba los audímetros: Autopista hacia el cielo, El equipo A, El coche fantástico, El pájaro espino, Falcon Crest, los lagartos de V, Pumuki, y para los más críos animaciones como Nils Holgersson, Taotao, Los Fraguel, Lucky Lucke o Dragones y mazmorras.
Musicalmente, Whitney Houston debuta vendiendo más de veinte millones de copias de su primer álbum, Ole Olé iba a mil, Alaska y Dinarama te preguntaban ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? o te advertían de que Ni tú ni nadie podía cambiarles, sonaba el No te aguanto más de Objetivo Birmania, Juan Pardo enamoraba a las madres, Nachapop gritaba Una noche, Iván sumaba Baila a su versionado Sin amor, Miguel Bosé era tu Amante bandido, Hombres G te llevaban a Venezia, Madonna o Eurythmics reproducían hits como setas, y un grito USA for Africa entonaba uno de los himnos más grandes de todos los tiempos: We are the World. Katrina & The Waves, 12 años antes de su triunfo eurovisivo, ya caminaba con Walking on Sunshine. Empazaba su fiesta. Esa que hoy tenemos a media luz, o con los plomos fundidos.
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