Eurovisión

La FIFA sanciona a Israel y vuelve a poner el foco en la falta de acción de la UER

La sanción de la FIFA reabre el debate sobre la falta de reacción de la UER ante el papel de Israel en Eurovisión
Jaime Pulido · Fuente: RTVE
Publicado el día 21 de marzo de 2026
fifa israel
Sede de la UER, Ginebra (UER)

La FIFA sanciona a Israel y vuelve a poner el foco en la falta de acción de la UER

La FIFA ha sancionado a la Federación Israelí de Fútbol con una multa de 165.000 euros por no evitar comportamientos racistas durante partidos internacionales. Una decisión que, más allá del fútbol, ha reabierto el debate sobre la forma en la que los grandes organismos internacionales aplican —o no— sus propias normas frente a ciertos países.

Más allá del ámbito deportivo, el caso ha generado un nuevo paralelismo con la UER, donde la gestión de Israel en el contexto del festival ha sido objeto de controversia en los últimos años.

Y es ahí donde aparece de nuevo el problema: la UER evita actuar con contundencia cuando el conflicto es incómodo. Mientras otros organismos han empezado a activar sus mecanismos disciplinarios, en Eurovisión se acumulan las respuestas de cortesía y decisiones que directamente no llegan.

En nuestro universo, parte de la crítica se centra en que la UER no ha actuado con la misma contundencia ante las continuas vulneraciones del reglamento o polémicas relacionadas con Israel, lo que ha alimentado un debate constante sobre la aplicación real de las normas del certamen.

Esta diferencia de criterio ha reavivado una cuestión de fondo dentro del universo eurovisivo: hasta qué punto el organismo europeo aplica su reglamento de forma uniforme y consistente, especialmente cuando un país lo vulnera constantemente.

En ese contexto, la sanción de la FIFA no solo habla de fútbol: también deja en evidencia a organismos como la UER y su falta de reacción cuando las polémicas afectan a Israel.

La sanción no es solo una multa. También deja algo bastante claro: hay organismos internacionales que sí aplican sus normas, aunque lleguen tarde. Algo que, en el caso de la UER, no se ve. Y en medio de todo esto, conviene no perder de vista algo básico: las vidas humanas no son un juego.

En el caso de Israel, las críticas no surgen de la nada. En los últimos años, su participación en Eurovisión ha estado rodeada de decisiones controvertidas: candidaturas con lecturas políticas, cambios de letra de última hora y propuestas alejadas del «espíritu apolítico» del festival, como la participación el año pasado de Yuval Raphael, una propuesta con carga política al tratarse de una superviviente de los ataques perpetrados por Hamás.

Este mismo año, la candidatura ha vuelto a generar debate al estar vinculada directamente a otra víctima de los ataques de Hamás, una técnica de los sistemas de defensa de las IDF. Todo ello ha sido permitido por la UER, lo que evidencia una doble vara de medir a la hora de aplicar el reglamento.

Porque el problema ya no es solo lo que pasa dentro de Eurovisión, sino el mensaje que transmite la UER cuando evita meterse de lleno en ciertas decisiones. No tomar decisiones claras no hace que el problema desaparezca, lo acentúa y hace que crezca aún más. 

Cuando lo que está en juego va más allá de un festival de música, mirar hacia otro lado también es una forma de posicionarse.

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