GRANDES GALANES DE LA ESFERA EUROVISIVA. PRIMERA PARTE, DE FUD LECLERC A JOHNNY LOGAN.

Para empezar el año 2005, que será el año de 50 Festival de Eurovisión, haré un recorrido por los grandes galanes románticos de la historia de este Certamen. Sí amigos, esos señores que por su encanto, charme en francés, crooner al más puro estilo inglés, voces y aspectos varoniles y sensuales como los mediterráneos, y […]
Publicado el día 03 de diciembre de 2020
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GRANDES GALANES DE LA ESFERA EUROVISIVA. PRIMERA PARTE, DE FUD LECLERC A JOHNNY LOGAN.

Para empezar el año 2005, que será el año de 50 Festival de Eurovisión, haré un recorrido por los grandes galanes románticos de la historia de este Certamen. Sí amigos, esos señores que por su encanto, charme en francés, crooner al más puro estilo inglés, voces y aspectos varoniles y sensuales como los mediterráneos, y algunos nórdicos impresionantes, llenaron las pantallas de cada año dando placer a la vista. Pero no sólo por ser guapos, no lo eran todos, sino por cantar bien y actuar como nadie. Es posible que algunos y algunas piensen que me dejo a muchos, a los que cada cual prefiere. He escogido a estos, porque son los que me gustan, qué le voy a hacer. El debate queda abierto y podréis aportar vuestro idílico santo varón a la lista, porque de señores va en este caso el tema. Habrá otro sobre las mujeres, por supuesto. Esta será una forma de empezar a celebrar el 50 aniversario. Pero hace falta una premisa, hay que tener en cuenta el paso de los años. Los cánones de belleza han cambiado y en su día todos tenían su encanto. Estos comentarios mejor mirarlos como si hiciésemos un viaje en el túnel del tiempo y no juzguemos con ojos de hoy lo de años atrás, yo por lo menos lo intentaré. Lo haré en dos partes porque me salen 58 señores, 29 y 29. De Fud Leclerc (Bélgica ’56) a Johnny Logan (Irlanda ’80 y ’87), y de Daniel Popovic (Yugoslavia ’83) a Jónsi (Islandia 2004). No nos pongamos nerviosos y nerviosas. Eso sí, se puede gritar algo a lo carpetera si nos viene en gana… en mi lista entran por año de aparición: 1-Fud Leclerc, (Bélgica 1956, 1958, 1960 y 1962), 2-Freddy Quinn (Alemania 1956), 3-Jacques Phillipe (Francia 1959), 4-François Deguelt (Mónaco 1960, 1962), 5-Jean-Claude Pascal (Luxemburgo 1961, 1981), 6-Alain Barrière (Francia 1963), 7-Vice Vukov (Yugoslavia 1963, 1965) 8-Udo Jürgens (Austria 1964, 1965 y 1966) 9-Matt Monro (Reino Unido 1964), 10-Hugues Aufray (Luxemburgo 1964), 11-Romuald (Mónaco 1964, 1974, Luxemburgo 1969), 12-Guy Mardel (Francia 1965), 13-Bobby Solo (Italia 1965), 14-Raphael (España 1966, 1967), 15-Carlos Mendes (Portugal 1968, 1972), 16-David Alexandre Winter (Luxemburgo 1970), 17-Julio Iglesias (España 1970), 18-Gianni Morandi (Italia 1970), 19-Massimo Ranieri (Italia 1971, 1973), 20-Jaime Morey (España 1972), 21-Ben Cramer (Holanda 1973), 22-Zdravko Colic (Yugoslavia 1973), 23-Shlomo Artzi (Israel 1975), 24-Duarte Mendes (Portugal 1975), 25-Lars Berghagen (Suecia 1975), 26-Red Hurley (Irlanda 1976), 27-Joël Prevost (Francia 1978), 28-Björn Skifs (Suecia, 1978, 1981), 29-Johnny Logan (Irlanda 1980, 1987), 30-Daniel Popovic (Yugoslavia 1983), 31-Riccardo Fogli (Italia 1983), 32-Gary Lux (Austria 1985, 1987, con los Westend en 1983), 33-Roger Bens (Francia 1985), 34-Takis Biniaris (Grecia 1985), 35-Scott Fitzgerald (Reino Unido 1988), 36-Lucca Barbarossa (Italia 1988), 37-Tommy Nilsson (Suecia 1989), 38-Nino de Angelo (Alemania 1989), 39-Sergio Dalma (España 1991), 40-Michael Ball (Reino Unido 1992), 41-Tony Wegas (Austria 1992, 1993), 42-Patrick Fiori (Francia 1993), 43-Tony Cetinski (Croacia 1994), 44-Jan Johansen (Suecia 1995), 45-Constantinos (Chipre 1996, con los ONE en el 2002, ¡y vuelve en el 2005!), 46-Lars Frederiksen (Noruega 1998), 47-Michalis Hadjiyiannis (Chipre 1998), 48-Goran Karan (Croacia 2000), 49-David Civera (España 2001), 50-Sedat Yüce (Turquía 2001), 51-Manuel Ortega (Austria 2002), 52-Jostein Hasselgard (Noruega 2003), 53-Stelios Konstantas (Chipre 2003), 54-Zeljko Joksimovic (Serbia Montenegro 2004), 55-Sakis Rouvas (Grecia 2004), 56-Ivan Mikulic (Croacia 2004), 57-James Fox (Reino Unido 2004) y 58-Jónsi (Islandia 2004). Sé que faltan muchos, pero esta muestra es la que a mi más me gusta una vez vistos sus números en los distintos Festivales a los que acudieron. Los he repasado adrede, y algunos no cantaron quizá demasiado bien, pero tenían a su favor que eran fotogénicos y simpáticos ante la cámara. Quizá ese comentario resulte frívolo, pero por eso hago esta columna, para refrescar la memoria, y volver a repasar a esos chicos “10” del Festival, cada uno con su propio estilo, de distintas épocas, pero todos encantadores, cómo no. Podéis consultar la sección historia y veréis sus caras para los que no os suenen. De 1956 no tenemos las imágenes, pero sí sabemos de la existencia de dos guapetones por sus fotos, además de grandes cantantes y que estuvieron en esa edición. Sólo decir, que eran ídolos de las jóvenes en Bélgica y Alemania en esos años. Fud Leclerc, con voz profunda, fue cuatro veces a Eurovisión por la televisión francófona belga. Siempre impoluto, de pose discreta y seria, mirada penetrante como su voz cautivó a público, no tanto a los jurados. El año que mejor quedó fue en 1958, quinto, y el que peor, menudo chasco para el pobre, porque cantó muy bien, fue en 1962, que obtuvo un cero y fue último con otros cuatro países. De Freddy Quinn hay mucho que hablar, más lo sabrán los alemanes nostálgicos. Fue una estrella en los cincuenta. Además de tener buena voz, como todos los intérpretes de esos años, tenía esa mirada pillina que cautiva a las mujeres. Aspecto varonil y pose estupenda. Otro señor cañón que no tuvo suerte en Eurovisión, pero sí profesionalmente ya que se hinchó de vender discos. El francés Jacques Phillipe estuvo muy convincente en la edición de 1959 con su “Oui, oui, oui, oui”, tanto “sí” era un reclamo muy fuerte para poder resistirse a su encanto edulcorado con una constante sonrisa. Fue tercero en la tabla. Iba cómo favorito ese año y jugaba en casa, pero los hombres aunque sean favoritos ganan menos que las mujeres, esa es la tónica de este Festival después de 50 años. Con voz profunda, cuerpo de armario, peinado de niño “bien”, el excelente intérprete François Deguelt era el yerno que todas las mamás querían para su hija. Encima más romántico no podía ser. Fue al Festival en 1960 y 1962 por Mónaco, quedando tercero y segundo respectivamente. Le dio muy buenas clasificaciones al Principado del glamour con sus bellos temas, “Ce soir la” y “Dis rien”. También este intérprete se hizo figura de culto en Francia en los sesenta. Recogió un buen número de fans, de esas fans que preferían a los chicos formalitos cuando ya empezaban a sonar los ecos del rock y los estilos cambiaban a una velocidad vertiginosa. Tanto que a finales de los sesenta estos señores ya estaban en el recuerdo. Jean-Claude Pascal,  actor, presentador de shows televisivos, pero sobre todo cantante, enamoró a las francesas de aquí y acullá. Y es que el chico, bueno ya era un señor de toma pan y moja cuando representó a Luxemburgo en 1961, estuvo genial. Tenía 33 años y ganó con “Nous les amoureaux”. Encima nos canta al amor y ya nos derretimos en nuestro sofá cuando miró fijamente a la cámara estática del Grand Palais des Festivals de Cannes. Luego, como si nada, se puso a entonar su canción y dejó al público boquiabierto. Era el segundo hombre que obtenía el primer lugar y ya sabemos que eso tiene doble mérito. Además 1961 fue un año difícil porque hubo grandes temas. Los ingleses que actuaron detrás de él no tuvieron nada que hacer y quedaron segundos, pero tampoco la favorita, Betty Curtis con su “Al di là”, quinta. Hubo otros galanes ese año como el danés Dario Campeotto, el francés Jean-Paul Mauric, pero no pudieron con el charme de Pascal. Su vuelta al Festival en 1981, 20 años después ya fue otra cosa, un toque de nostalgia que siempre va bien y que demuestra cómo se respetan las grandes figuras en los países francófonos a pesar de que los años surquen arrugas en el rostro. Trabajó en una fábrica de neumáticos en París, pero su voz y estilazo no podía desperdiciarse entre ruedas y llaves inglesas. Alain Barrière, apodado por las francesas como “nuestro adorado Alain”, llegó al Festival de 1963 para arrasar. ¿Se puede mirar mejor a cámara?, no sé pero encima de poner cara de no romper un plato, tan peinadito, con ese traje negro y corbata estrecha, moda de los sesenta, cantó a una chica que amaba y nos decía que “ella es tan bella”. Hijas e hijos míos, Francia por aquellos pagos era la reina de la canción romántica, después lo será Italia, casi a la par. Aunque fue quinto, a Barrière le esperaba su mayor éxito en 1964, “Ma vie” y ahí fue cuando todas y todos ya nos desmayamos al instante. No se podía cantar mejor. Es otra figura icono de la canción francesa de todos los tiempos. Siempre dijeron que su rostro recordaba a de Gregory Peck. ¿Para qué os voy a dar más señas de su belleza?. Dijo en una entrevista para Teleguía en marzo de 1965, cuando visitó España, que era “tímido, retraído y le asustaba su tremenda popularidad”, ¿no os parece un amor?… Este año Barrière cumple 70 años y habrá que hacerle un homenaje biográfico, ya lo estoy pensado. El yugoslavo Vice Vukov tenía ese aspecto tan mediterráneo que enamoraba a propias y extrañas. Fue en dos ocasiones a Eurovisión con temas románticos, en 1963, “Brodovi” y en 1965 “Cenzja”. Tenía voz y pose varonil. Entusiasta de la canción melódica su gesto era también muy expresivo. Aunque nunca superó el décimo puesto, sus temas son muy buenos sin lugar a ninguna duda. Sé que Udo Jürgens no es precisamente guapo, tan largiruto y delgado, algo desgarbado si se quiere. Pero cuando canta, ¿no derrite a las piedras?. Dios mío, llevó los mejores puestos para Austria en el trienio de 1964 a 1966 y fue el tercer hombre que gana Eurovisión con “Mercie Cherie”. Udo, aunque cantando en alemán, optó por versionar sus temas románticos en italiano y francés y se llevó de calle a las europeas de los sesenta. Visitó alguna vez España porque sus discos aquí también tuvieron éxito. Matt Monro tampoco era una belleza, pero sí su voz, la del auténtico crooner inglés. Tenía ese toque a lo Sinatra y fue una gran figura no sólo en el Reino Unido sino en todo el Mundo, sobre todo con “Born Free” (Nacida Libre) que fue el tema de la película de 1966 del mismo título y que obtuvo el Óscar como mejor canción de ese año. En Eurovisión ’64 casi gana con “I love the little things”. No pudo con la adolescencia y candor de la Cinquetti, y fue segundo. No repercutió en su carrera porque su fama cruzaría fronteras y en los Estados Unidos se haría un referente del mundo de la canción romántica, para bailar muy pegados. Hugues Aufray era otra cosa. Compositor de sus temas y a ristre guitarra, ya empezaban a salir los cantantes modernos. Eso sí con encanto y gusto a la hora de entonar y escoger melodías. En Eurovisión ’64 fue cuarto con uno de los mejores temas que Luxemburgo llevó esa década, “Des que le printemps revient”, se hará un clásico en los países francófonos. Francés de nacimiento estudió Bellas Artes y fue cantante de los cabarets parisinos en los cincuenta. Hoy con casi 73 años, es otro referente de las canciones francesas por el mensaje de sus letras. Es todo un fan de Bob Dylan y Charles Trenet. Aufray queda en el recuerdo de los amantes de la nostalgia en unos años de protesta e ilusión porque el Mundo cambiase. Romuald fue tres veces a Eurovisión, dos por Mónaco y una por Luxemburgo. En 1964 fue tercero con “Ou sont-elles passees?”, tema que era un canto melancólico y amoroso. Su estilo siempre de galán francés volvió locas a las chicas de los sesenta. Su carrera se alargó a los setenta y cuando apareció en 1974, resultó algo clásico, pero su aspecto era impecable. Le gustaban los trajes vistosos, como el que llevó a Brigthon, con bastante brillo, y resultaba muy mediterráneo de aspecto. Es un morenazo de postín, que llevó tres canciones de amor a Eurovisión, y sin ganar tuvo mucho éxito, incluso en España. Cuando representó a Luxemburgo en Madrid ’69 con “Catherine” se hizo con el público español. Era favorito en las apuestas, pero luego con el cuádruple empate quedó undécimo. Quizá estuvo algo nervioso en su actuación, pero de voz, como siempre, muy bien. El año de ABBA, fue cuarto, lo que mejora su palmarés, bastante bueno como vemos. El representante francés de 1965, Guy Mardel era de origen argelino y tenía ese encanto del mestizaje, pero en plan galán trajeado como se llevaba en los sesenta en el Festival. Su tema, “N’avoue jamais” es un prodigio. Quedó tercero. Cantaba con mirada de niño inocente que hacía que tuviese un pelotón de fans enloquecidas tras de su persona. Era muy guapo en aquellos días y menudo estilazo, sí señor. Se rumoreó que nuestra candidata, Conchita Bautista se quedó prendada de él, incluso se habló de un idilio entre los dos. Cosas de la prensa. Habría que escuchar que opinan ambos al cabo de los años. Hacían buena pareja, la verdad, y desde luego la Bautista se hubiera llevado a uno de los más guapos de esa edición. Fue un año de grandes galanes y temas fantásticos, de los mejores de la década. Si el francés del ’65 era guapo, el italiano, Bobby Solo, también lo era. De nombre real Roberto Satti, este romano nacido en 1945 era conocido en su país como el “Elvis italiano”, por su parecido con Elvis Presley a la hora de cantar e interpretar sus temas, sobre todo los románticos. “Se piangi, se ridi” fue un éxito en San Remo y era favorita en Nápoles. Ocupó el quinto puesto, pero el tema fue número uno en Europa, todavía recordado por los nostálgicos. He incluido a Raphael en la lista porque en 1966 y 1967 era el máximo ídolo de las jóvenes en España. Triunfó en Europa y América por su voz, pero sobre todo por el magnetismo que enfundaba a la hora de interpretar con desgarro esos temas que todos tienen en el recuerdo. Primero “Yo soy aquel”, ¿se podía cantar mejor?. Creo que es difícil. Y al año siguiente, “Hablemos del amor”, menuda letra y menudos arreglos musicales del maestro Manuel Alejandro. Que fuese séptimo y sexto respectivamente es lo de menos. Ya figuró como estrella porque su carisma en aquellos tiempos era increíble. Hizo películas, y aunque no era especialmente guapo, si era muy resultón, no me lo negareis. Carlos Mendes fue aquel chico portugués que cantó “Verão” el año que ganó Massiel en 1968. Tierno y con aspecto tímido hizo una buena interpretación en el Albert Hall, pero nada comparable con la excelente “A festa da vida”. Con esa canción fue por segunda vez a Eurovisión y quedó séptimo, la mejor plaza de Portugal hasta el momento. Corría el año 1972, y Mendes ya era una estrella de prestigio en Portugal, muy conocido en América y España, como no. Yo lo considero el mejor intérprete masculino que Portugal ha llevado al Festival hasta el momento. En Edimburgo lució frac, que contrastaba con una barba que afeaba un poco su rostro. Y es que Carlos Mendes era muy guapetón, no necesitaba la barba, pero como estaba de moda… Representó a Luxemburgo en 1970 con “Je suis tombe du ciel”, y no le votó ningún país. Fue el primer y único cero de esta delegación en todas sus intervenciones. Lo extraño es que David Alexandre Winter era ya una figura de prestigio y fama en Europa. Su gran éxito “Oh lady Mary” hizo bailar a muchas parejas en aquellos guateques de los sesenta. Pero como era habitual, a veces las estrellas no tienen suerte en es Festival, quizás se buscaban caras nuevas. Con todo, más guapo no se podía salir, con ese frac, cantando un vals, romántico y enfático. Muchos dijeron que estaba pasado de moda y es que el paso de década traía nuevas tendencias, pero yo cada vez que lo veo me gusta más, no lo puedo remediar. ¿Quién le iba a decir a Julio Iglesias el éxito que conseguiría años después?. Apocado y con pocos recursos interpretativos se presentó en Amsterdam ’70 con una de las baladas románticas más bellas de la historia de Eurovisión. “Gwendolyne” estaba dedicada a una antigua novia. Julio la compuso con arreglos de Augustó Algueró. Era sencillamente genial, por eso, porque nuestro artista más internacional estaba muy verde, ese toque de inocencia le venía muy bien a la canción que estalló en una ovación del público, incluso en medio de la interpretación. Ocupó el cuarto puesto en la tabla. Ay Julio, quien te ha visto y quien te ve. La edición del ’70 llevó doce temas, pero todos buenos a mi entender. Italia se lució con otra estrella del candelero, récord de ventas en Italia y Europa. El inquieto y gesticulante Gianni Morandi se despachó con un tema precioso, “Occhi di ragazza”. Esos “ojos de muchacha” no ocuparon el puesto merecido, octavo, pero tampoco repercutió en su carrera discográfica, porque ya tenía mucho terreno recorrido y era otro galán romántico para el Festival, aunque el chico adoraba el rock. Estaba escrito con letras de oro en el mundo de la música italiana. Seguimos con los italianos que no renunciaban a llevar la bomba a Eurovisión. En 1971 le tocó al vencedor de la Canzonissima, el actor y cantante Massimo Ranieri. La prensa rosa de la época decía “que era tan atractivo que incluso alguna fan intentó suicidarse por él”. Qué tiempos aquellos en los que ya las fans vivían romances apasionados con sus ídolos en sus sueños, fantasía a la que no renuncian las chicas y chicos de ahora. No era para menos con Ranieri. El otro día le vi cantando con la israelita Noah en la Gala de Navidad 2004 que se hizo desde Roma. Sigue guardando ese atractivo de antaño, retocado por la cirugía, pero todo un galán. Un señor estupendo como yo digo. Eso sí, su voz no es la de antes. En Dubín ’71 fue quinto con “L’amore é un attimo” o el amor es un instante en español. Siempre versionó sus éxitos en aquellos días en nuestro idioma. Aquí también venía asiduamente a galas varias de esa televisión en blanco y negro de los años sesenta y setenta. Y le vimos en color en Eurovisión ’73 con otro baladón “Chi sara’ con te”. Tema romántico donde los haya de letra estremecedora, quizá entonado con más garra que el del ’71, aunque no consiguiera mejor plaza. Fue decimotercero, injusto desde luego. Pero a Massimo tampoco Eurovisión ni le quitó ni le dio más fama, ya era una estrella consagrada, uno de los artistas más queridos en su país. Nuestro guapetón oficial de aquellos primeros años de los setenta era Jaime Morey. Rubio, alto y de ojos azules, este alicantino además cantaba como nadie. Voz profunda y potente quiso ir a Eurovisión cuatro veces, y lo consiguió a la cuarta, en 1972. Su fama fue espectacular el año anterior en el programa “Pasaporte a Dublín”. A Edimburgo llevó “Amanece”, una balada de mucho estilo donde Jaime se podía lucir con la voz. Menudo traje, azul, eso si era una especie de frac que según comentó en “Destino Eurovisión 2004” le venía algo justo. En medio de la actuación se soltó en botón de la chaqueta y pudo cantar a gusto. Lo más curioso según nos comentó en “Destino Eurovisión” es que le tiñeron el pelo de negro para resultar como más latino. Dijo que cuando su novia, y esposa una semana después del Festival, le vio se llevó un susto tremendo. ¡Qué cosas hacían antes!. Por fuerza los españoles tienen que ser morenitos y bajitos. Con Jaime se rompió el estereotipo y los británicos se confundieron un montón. Por eso le dijeron, chico tíñete el pelo porque no entendemos que seas rubio. Y se notaba que estaba rarisímo a la par que algo incómodo, todo hay que decirlo. Ben Cramer representó a Holanda en 1973. Ya era un artista de solera. Con una voz potente entonó “De oude muzicant”, con acordeonista incorporado. Vistió de blanco y tenía una melena importante. En 1973 los cantantes masculinos casi en su totalidad lucieron buenas melenas. Muchos nos recordaban al malogrado Nino Bravo. Quizá algún día hubiese ido a Eurovisión y desde luego estaría en esta lista. Cramer quedó decimocuarto, pero su tema era muy bueno, como todos los de esa edición. Justo detrás de Cramer en la clasificación quedó el yugoslavo, nacido en Sarajevo, Zdravko Colic. Su voz recordaba extraordinariamente a la de Nino Bravo. Quizá por tener ese toque mediterráneo me recordaba a él y llevar el mismo corte de pelo. Salió con un traje rojo que le hacía muy buen tipo, pantalón de campana o pata de elefante que llamaban, diseño de la época. Fue poco votado a pesar que este tema tiene una potencia increíble, y encima lo cantó muy bien en directo, cosas que no se entienden. Quizá le falló la orquesta. Eran mejores algunas voces como la de Colic que los arreglos musicales, que estropearon algunos temas ese año. En fin, ya he comentado que fue una edición complicada para los jurados, dos por país como sabéis, que votaban en forma de 1 a 5 muy al tuntún. Creo que se liaron algo con las famosas cartulinas. La edición de 1975 tuvo también grandes intérpretes. Ganó un conjunto del estilo ABBA, aunque de más baja calidad, por supuesto. Muchas delegaciones llevaron a chicos muy aparentes además de buenos cantantes. Menudas ropas llevaban, que moda tan exuberante y divertida. Dentro de los que destacaron en mi opinión está el israelita Shlomo Artzi que cantó la pegadiza “At ve’ ani”. En la presentación de su tema, cuando debía pintarse su propio autorretrato tenía el pelo más largo, pero se le cortaron un poquito las puntas para la Gala. Y salió hasta más guapo. Era muy tímido, pero resistió la mirada a cámara, y a mí me encanta, no os lo niego. Según Uribarri, nuestro comentarista de ese año, estaba casado y con dos hijos. Vaya manera de estropear la esperanza de las fans… sin comentarios. Su lema era anunciar si estaban o no casados, y sobre todo, si tenían o no hijos. El portugués Duarte Mendes también cantó como nadie en la edición de 1975 representando a Portugal. Se puso el clavel rojo en la solapa para recordar al público que su país superó sin víctimas el paso de la dictadura a la democracia el año anterior en la famosa “Revolución de los Claveles”. Si encima Uribarri nos informa que era Comandante de Marina, más razón para entender lo del clavel, en una revolución que fue hecha por militares que apostaban por la democracia en Portugal. Duarte tenía 28 años y también estaba casado. Poseía una voz estupenda. Su tema “Madrugada” era un canto a la libertad. Preciosa canción que no fue muy votada como era habitual para Portugal, muchas veces injustamente como en esta ocasión. Fue decimosexto con 16 puntos, ¡qué vergüenza!, los jurados estaban algo sordos. Seguimos en 1975 y el representante sueco, Lars Berghagen era el prototipo de nórdico fortachón, rubio y guapo. Tenía buena voz, aunque dicen que ahora Berghagen ya no es el de antes, los años no perdonan. Pero como anfitrión hizo un buen papel en ese Festival con el tema “Jennie, Jennie” que fue octavo de diecinueve canciones. El tema era de esos que se pegan al primer momento y ya no te lo quitas de encima en días, lema de lo que se entiende por algo festivalero. Como los auténticos cronners de los sesenta se presentó el irlandés Red Hurley en Eurovisión 1976 que se celebró en La Haya. El tema “When” era una balada de calidad que el intérprete ejecutó con maestría. Quizá estaba algo estático y que es tampoco había para dar saltos. Seguía el modelo de los baladistas irlandeses que tantos éxitos cosechaban en Eurovisión antiguamente. En este caso no hubo tantos votos como se esperaba y fue décimo. Yo cada vez que reviso el Festival de 1978 y veo a Joël Prevost, representante francés de ese año en París, me recuerda esas figuras de cera de los museos. Era como un maniquí de pose estática y toques de un charme ya algo rancio para la época. Pero como era un gran intérprete valía la pena escucharle. Además tenía un gran atractivo y su estilo era audaz en unos años donde ya no se estilaba cantar de esa guisa a los violines. Lo incluyo porque este señor llama mucho la atención y además fue tercero con 119 votos. Francia estuvo de buena racha a final de los setenta. De estilo variopinto fue dos veces a Eurovisión el sueco Björn Skifs, primero en 1978 con piano en ristre y una balada que según nuestro comentarista, Miguel de los Santos era “lo mejor de muchos años en el Festival por la belleza de su melodía” (eso lo dijo en 1981). El título es “Det blir alltid värre framåt natten”. Sólo fue decimocuarto. Pero tres años después se presentó en Dublín ’81 con un tema de empaque y fuerza roquera y llegó al puesto diez. Iba vestido con un pantalón un pelín ajustado, guantes como los modernos y una buena media melena rubia que le daba ese encanto que da a los nórdicos de principio de los ochenta. En fin la canción “Fångad i en dröm” estaba muy bien, tenía ritmo. Este señor estaba tenía muchas tablas y en Suecia era muy conocido. Trabajó en colaboración con los componentes masculinos de ABBA en alguna producción de esos años. Era todo un tío cañón, que además ponía el énfasis necesario a las canciones para que no pasasen de largo teniendo en cuenta lo complicado de la rima sueca. Y para terminar esta primera parte de 29 hombres eurovisivos, le toca al que más suerte ha tenido de todos. Se trata del australiano, nacionalizado irlandés, Sean Patrick Michael Sherrard, para los eurovisivos, Johnny Logan que es como triunfó en Europa con “What’s another year” de Shay Healy. Realmente está en la memoria de todos los que le vieron esa noche del 19 de abril en que se celebraba el 25 Festival de Eurovisión desde La Haya. Vistió de blanco, sentado en un taburete alto, miraba al cielo como implorando, con cara de niño, pero de voz contundente y convincente. Es más, era tan sencillo en sus inicios que jamás pensó que él triunfaría esa noche teniendo en cuenta que había otros favoritos de la talla del popular y atractivo también Alan Sorrenti por Italia, la glamourosa Katja Ebstein que quedaba segunda, las también expertas en el Festival Maggie MacNeal o Paola. Pero lo demás era poca cosa, y Logan se alzó con su primera victoria con creces. De ahí al estrellato por Europa. Era el cuarto señor que ganaba el Eurofestival, y es que desde 1966 no se habían comido un colín los pobres. Estuvieron muchos años a punto de ganar, pero al final las mujeres se llevaban la mejor parte. Y cómo en 1980 ir de blanco le dio suerte, probó de nuevo con ese color y otra balada, ahora compuesta y escrita por él, “Hold me now”. Ganó por segunda vez en la edición de 1987 en Bruselas. Menuda suerte dijeron muchos, entre ellos nuestra comentarista Beatriz Pécker, que apostilló al final del show “vaya suerte tiene este chico, lo deberían contratar para todos los años”… Y tenía razón, ya que como compositor ganará de nuevo en 1992 con el tema que defendió Linda Martin, “Why me” y estuvo a punto de ganar en 1984 con “Terminal 3” que también cantó la Martin. Currículum vitae no le falta, y le seguimos viendo, en el 2004 como portavoz del jurado irlandés. Creo que es un eurofan, de los nuestros, de los que se sienten orgullosos de haber ido a Eurovisión, y en mi opinión dará mucho que hablar todavía, al tiempo. Para el próximo capítulo de Daniel Popovic (Yugoslavia 1983) a Jónsi (Islandia 2004). Reyes del Amor, 10/01/05

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