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JESC 2020: Números inimaginables

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Si los números cantaran

JESC 2020: Números inimaginables

Escrito por Jesus Manuel Rubio

02 de diciembre de 2020


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Escrito por Jesus Manuel Rubio | 02 de Diciembre

JESC 2020: Números inimaginables

28 de Septiembre

Europarásitos
Valentina interpreta J’imagine en Junior Eurovision 2020

¡Ups! A la troisième consecutiva fue la vencida para Francia. Estaba en los pronósticos y los resultados tanto de televoto como de jurado no han dejado lugar a dudas. No obstante, Eurovisión no dejará nunca de sorprendernos, el Junior tampoco, y nos deja unos cuantos números inimaginables y no menos polémicas. ¿Cuánto contó tu voto para Soleá? ¿Puntuó el jurado francés a la inversa? Palante con ello.

UN VOTO QUE VALE SU PESO EN BRONCE

En total, y según ha publicado la organización, se registraron más de 4,5 millones de votos, lo que supone un aumento del 19% con respecto al año pasado, incluso aunque en la presente edición hubiera menos países involucrados.

Por el número de puntos recibidos por España, deducimos que recibió unos 471.000 votos, lo que supone que estuvo presente en el 31% de las votaciones emitidas. Por su parte, Francia acumuló 723.000, lo que representa estar en el 48% de las votaciones que se emitieron, es decir, en una de cada dos.

El año pasado, para Melani calculamos unos 356.000 votos, lo que supone un incremento en 2020 del 32%. Es decir, aunque en el global se registraron un 19% más de votos, los de España subieron muy por encima de esa cifra, un 32%.

Con respecto a la utilidad del voto hacia España este año se ha demostrado mucho más necesario que el año pasado. La medalla de bronce de Soleá se podía haber perdido ante Países Bajos en caso de haber recibido unos 3.600 votos menos (sección azul del gráfico). Es decir, tuvimos una utilidad de nuestro voto de prácticamente el 100%. Cada voto sirvió para que Soleá fuera tercera.

Más lejos se nos queda la medalla de plata que se colgó Kazajistán. Habríamos necesitado 137.000 votos más (sección verde) para poder subir de puesto, lo que se traduce en un 30% más de los votos que recibimos.

Por tanto, revelamos un aumento sorprendente en el televoto recibido por España y que ha tenido una eficacia mucho mayor que en la edición pasada.

EL CARREFOUR

Igual que hemos hecho en otros análisis de Eurovisión Junior, disponemos en un gráfico los puntos que se recibieron para cada posición tanto en jurados nacionales como en televoto internacional. Una vez más, las votaciones del público fueron más suaves, más igualadas, que las de los jurados. No obstante, la linealidad se rompe drásticamente entre el primer y segundo puesto del televoto, marcando una diferencia de 39 puntos entre Francia y España, cruzando la línea del voto de los jurados. Este carrefour, cruce, es un fenómeno que ya vimos el año pasado con Polonia.

Esto sugiere un impulso extraordinario de la puntuación francesa (que, de hecho, adelanta el primer cruce de las líneas a la décima posición, cuando normalmente suele ser más centrado). Lo normal sería que, aunque hubiera un impulso, este fuera más suave (que el segundo y el tercero hubieran sumado más puntos). No es fácil buscar un motivo, pero al tener que votar por tres canciones es más fácil que la mejor valorada esté en la papeleta mientras el resto se reparten los otros dos votos.

A VUELTAS CON LOS SOVIÉTICOS

Van a pensarse que les tenemos una manía especial, pero al representar casi la mitad de los países participantes, bien merecen una mención aparte. Este año, los cinco integrantes del bloque (Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Rusia y Ucrania) nos vuelven a dejar resultados de lo más curiosos.

Con respecto al resto de países los soviéticos se valoraron más entre que sí, siendo el caso más llamativo el de Kazajistán. De entre los suyos recibió una media de 10,25 puntos, mientras que los demás países le promediaron 6 puntos. Esa diferencia de 4,25 puntos, multiplicada por los otros 4 países soviéticos nos arroja 17 puntos extras para el país kazajo.

Y cuando le das a uno, le quitas al otro. Las más perjudicadas fueron Países Bajos y España, que recibió 2,8 puntos de media menos de los países de la antigua URSS. Estos 2,8 puntos por 5 soviéticos nos dan 14 puntos de penalización para España por ubicarse al otro extremo del continente.

En conclusión, entre lo que sumó de más Kazajistán y lo que sumó de menos España, el bloque soviético pudo habernos privado por segundo año consecutivo de la medalla de plata.

¿FRANCIA O AICNARF?

Una imagen vale más que mil palabras. Cuando parecía que nada en las votaciones podía sorprendernos, llegó Francia y nos regaló esta maravilla. Claramente puede verse que las 5 máximas puntuaciones se fueron a parar a países de la segunda mitad, mientras que las votaciones más bajas se fueron a los países que lideraban y al organizador, que venía de ganar dos veces seguidas.

Ante este panorama es normal plantearse algún tipo de irregularidad en la votación francesa, algún tipo de inversión en su clasificación. Los países que invierten sus votaciones suelen destacar por tener el record de puntuación en algunos países. Por ejemplo, Francia, con su 12, fue el máximo votante de Serbia, que lo más que había recibido antes eran los 5 puntos de Georgia. También fue el máximo votante de Alemania y Rusia, así como el segundo en el caso de Malta. Por el lado contrario, solamente Francia no votó por España, siendo el único cero que recibieron los 6 países mejor clasificados; y fue también el segundo mínimo votante en el caso de Polonia, Bielorrusia y Países Bajos. Hubo para todos.

En el blog anterior a este, ya hablamos de votaciones impostoras o estratégicas, que discrepaban sobremanera con lo que se venía votando. En el siguiente gráfico podéis ver el nivel de coherencia (con otra metodología más precisa a la que publicamos en twitter) en las votaciones de los jurados de cada país con respecto al resultado de los jurados.

Francia se marcó un 22% de coherencia, es decir, estuvo más cerca de votar al contrario que el resto (el 0% indica votar a la inversa) que de votar como lo hicieron los demás (el 100%). De hecho, está más cerca del 0% que del 50%, que indica una votación aleatoria. Por tanto, hay un elemento de intencionalidad.

Con respecto a los demás países está muy lejos en su coherencia: los demás países promediaron un 77% de coherencia, lo que es estadísticamente distinto del 22% de Francia. Es gracioso, porque se puede decir que lo que tuvieron los demás países de coherencia, lo tuvieron los franceses de incoherencia.

Preferiría no tener que pensarlo, pero los números lo dejan muy claro. Con la votación francesa pudieron pasar solo dos cosas: o que votaran al revés sin quererlo, en cuyo caso la organización habría vuelto a patinar con las votaciones inversas como con Bielorrusia 2019; o que los jurados nacionales de Francia sabotearan el concurso puntuando al contrario.

Lo importante de esto no es el resultado final, que habría variado muy poco (Países Bajos habría empatado con Bielorrusia y Polonia habría adelantado a Malta), sino esta sensación de amargura de que no se están tomando en serio las votaciones y que no hay un procedimiento mínimamente riguroso para evitar que ocurran este tipo de injusticias. No es que Eurovisión pueda presumir de ser una democracia perfecta, pero mientras su espectacularidad avanza a pasos agigantados, su sistema de valoración se deteriora cada vez más y más.

Estos son algunos de los números más importantes que nos deja el Eurovisión Junior. Más o menos serios, no dejan de ser un juego, una competición. Lo que verdaderamente nos preocupan son las cifras que deja la COVID-19. Esperemos que desaparezcan lo más pronto posible y podamos recuperar la normalidad, tanto en nuestras vidas como en Eurovisión. Hay que tirar palante.

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