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Amaia y Alfred
autor de la imagen: El Periódico
fuente del artículo: eurovision-spain.com
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Amaia y Alfred (El Periódico) | fuente: eurovision-spain.com

Lo que Operación Triunfo debería aprender sobre sí mismo (y sobre Eurovisión)

REPORTAJE
ESPAÑA
#OT2018
#OT18Gala0
#OTDirecto19SEP
19
 SEP
  2018

Recordamos algunos grandes éxitos del pasado y la retahíla de recientes fracasos de TVE en Eurovisión que ni Gestmusic ni OT han podido evitar, repasamos los beneficios de que la productora catalana y el concurso se vuelvan a vincular con el festival, pero también todos los despropósitos de su gestión en Lisboa 2018 y Viena 2015, y abrimos una puerta a la esperanza para Tel Aviv 2019 con una serie de puntos a mejorar de cara a la inminente preselección española

Operación Triunfo volverá a ser la preselección de España para Eurovisión, una noticia que no debería ser ni buena, ni mala, pero sí debería servir para una larga reflexión en los cuarteles generales de TVE y Gestmusic. El -pésimo- resultado de Amaia y Alfred en Lisboa, la decepción de Edurne en Viena, la soledad de Lucía Pérez en Düsseldorf o las experiencias de Ramón en Estambul, Beth en Riga y Rosa en Tallin, amén de todos los fracasos que la delegación española ha encadenado, uno tras otro, en los últimos 14 años, también deberían servir para tomar cartas en el asunto y cuidar las dos principales marcas de nuestra televisión pública, especialmente, la del programa más visto y comentado año tras año: el festival.

OT: GARANTÍA DE ÉXITO (COMERCIAL)

No es de extrañar que TVE haya vuelto a apostar por La Academia como cantera eurovisiva. Cuatro de las cinco ediciones más vistas de la historia en España fueron las que se vinculó Operación Triunfo a Eurovisión, con Amaia y Alfred, Ramón, Beth y Rosa. Indirectamente, el año de Edurne, también con la productora catalana implicada, ocupa la séptima posición del histórico de audiencias. Además, las preselecciones de 2018, 2004, 2003 y 2002 fueron las cuatro más seguidas desde el comienzo de las mediciones de audiencia. Con los datos en la mano, el público general sí aprueba esta unión entre OT y el festival o, al menos, demuestra un interés mayor al habitual.

Fuera del apartado televisivo y en el puramente musical, las ventas también refrendan la decisión. Tu canción, Para llenarme de ti, Dime y Europe's living a celebration, o sus álbumes relacionados, también fueron cuatro de las cinco eurocanciones más vendidas desde el año 2002. El mismo ejemplo es válido para los temas de las preselecciones de OT, con Lo malo, Que nos sigan las luces, Viva la noche, Corazón latino o El alma en pie convertidos en auténticos exitazos, mientras que los referentes en los "destinos", "misiones", "objetivos" y derivados son nulos, con una excepción, la de La revolución sexual de La Casa Azul, ya popular antes de su trampolín eurovisivo.

Gestmusic, por su parte, nos da una de cal y una de arena en sus formatos con respecto a Eurovisión. Por un lado, es de agradecer que revivieran el festival en su primer trienio eurovisivo, así como sus continuos guiños no solo en OT, sino también en Tu Cara Me Suena, o históricamente en muchísimos de sus programas, o las buenas palabras hacia el certamen de algunas de sus caras más visibles. Tampoco podemos perder de vista que fueron responsables, en gran medida, de los patinazos en los festivales de 2018, 2015 y también en 2011 con Objetivo Eurovisión, una de las preselecciones más bochornosas que hemos tenido que sufrir. 

APRENDER DE LOS ERRORES DEL PASADO

"Aprender de los errores del pasado" fue una frase dicha a través de las redes sociales por uno de nuestros directores, Manu Mahía, al también Director de Gestmusic, Tinet Rubira. Una afirmación con afán constructivo y finalidad positiva que no pareció sentarle demasiado bien, pero no por ello deja de ser menos cierta. A nadie se le escapa que la productora catalana es la número 1 en el sector del entretenimiento televisivo español, con innumerables hitos y éxitos y una más que demostrada calidad y trayectoria, méritos y bagaje que no implican que sean los mejores gestores de la marca Eurovisión en España. 

Las criticadísimas puestas en escena de Tu canción y Amanecer, la incapacidad para resolver problemas de última hora en las actuaciones o para materializar cambios positivos en los ensayos, la mala relación con la organización de Viena 2015 y, especialmente, en Lisboa 2018, la tensión con los medios de comunicación acreditados en los festivales, la soberbia y la falta de compañerismo con otros países o las salidas de tono en las redes sociales, por si solas, no hunden las candidaturas españolas, pero juntas se llevan el barco a pique. Por poner un ejemplo, el 2, el puesto de actuación maldito asignado por los productores del certamen en la capital portuguesa, no fue una simple casualidad. 

Las filas de Gestmusic, y también las de TVE, están llenas de grandes profesionales de la televisión y la música que aman y respetan Eurovisión, jóvenes, trabajadores, con ideas y con ilusión que estarían dispuestos a dejarse la piel para intentar conseguir los mejores resultados, a todos los niveles. No se entiende, entonces, el hecho de que la delegación española lleve dos años dirigida por alguien de intachable currículum televisivo como Ana María Bordas, pero nulo conocimiento, integración e interés en el circuito eurovisivo, y cuyo cargo le vino de rebote tras la dimisión del polémico Federico Llano. Tampoco se comprende que Tinet Rubira no delegue en alguno de sus fantásticos trabajadores si considera el festival, palabras textuales, "una tortura". 

No podemos olvidar que todo lo anterior se financia con dinero público. Insistimos, público. Habitualmente, la prensa generalista se hace eco del coste de la participación española en Eurovisión y, a posteriori, las redes sociales se llenan de comentarios de los cuñados de turno criticando el desembolso. Nosotros, en cambio, nos preguntamos cómo es posible que el programa más exitoso y más rentable de la televisión en España no tenga una inversión justa y necesaria. Un presupuesto que sirva para crear y ejecutar una actuación en condiciones y mínimamente competitiva, diseñar una estrategia de marketing, rodar un videoclip de calidad y realizar una promoción europea eficiente y que, a la vez, todo ese dinero esté aprovechado y justificado. 

Esta edición partimos con dos importantes premisas, la esperadísima renovación de RTVE y más tiempo y dedicación en el proceso de selección eurovisivo, si bien es cierto que año tras año escuchamos cantos de sirena, palabrería y, en definitiva, humo. Sobre la convocatoria, TVE arrastra cinco años de procedimientos totalmente opacos, donde nadie conoce las bases, ni donde, cuando, o cómo enviar las canciones, ni los criterios de elección. Un oscurantismo que desconocemos a quien puede beneficiar, pero desde luego no deja margen de confianza a la transparencia del proceso, y mucho menos a la calidad y seriedad del mismo.

EL FUTURO 

Operación Triunfo 2018 tendrá 14 galas y, si no nos fallan las cuentas, finalizará justo antes de la Nochebuena, evitando el complicado periodo navideño para un formato de telerrealidad y retrasando, previsiblemente, la final nacional para Eurovisión para después de las fiestas y fuera de la competición "oficial". Este supuesto sería tremendamente positivo pues diferencia claramente ambos concursos, se diluye el factor reality y se da más tiempo y peso a los preparativos eurovisivos. 

Otra novedad, en este caso, ya anunciada, es que los 16 triunfitos optarán a representar a España en Eurovisión. Esta decisión también la recibimos con mucha expectación ya que el poco recorrido de un alumno en La Academia, por el motivo que sea, no implica que no pueda desarrollar posteriormente una gran carrera profesional, y el mejor ejemplo lo podemos encontrar en la última edición con el pelotazo de Lola Índigo. 

Una fantástica idea sería que los 16 cantantes tuvieran su propia candidatura eurovisiva que, a su vez, se convirtiera en su primer single. El experimento ya funcionó y con muchísimo éxito en la segunda edición de OT, cuando todos los concursantes tuvieron su propio sencillo y, aquellos que superaban la barrera de las 200.000 copias vendidas, se ganaban el derecho a grabar un álbum. En el caso de explorar esta vía, sería muy interesante que los 16 chicos tuvieran la oportunidad de presentar sus propias canciones o tener poder de decisión en el catálogo que un equipo de profesionales haya pensado para ellos y para Eurovisión.

Otra necesaria mejora es el tiempo dedicado a la preselección. A sabiendas del exitazo de la pasada edición y la enorme expectación para esta, hay que aprovechar la coyuntura, permitir que el público tenga capacidad de reacción en varias galas y dejar que las canciones tengan cierto recorrido antes de tomar la decisión final. Y, precisamente, en la decisión final es indispensable contar con un jurado profesional en diferentes áreas y experto o, como mínimo, seguidor de Eurovisión que pueda valorar con independencia y objetividad las candidaturas y contrarrestar la opinión de la audiencia, soberana, pero contaminada de filias y fobias. 

España es el país donde más se sigue y con más pasión Eurovisión y, tal y como decíamos en una de las últimas conexiones desde Lisboa, "nos merecemos más, lo merecemos mejor". Suerte, ánimo y trabajo, que no falte, a los equipos de TVE y Gestmusic.

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