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COLUMNA PRE-EUROVISIÓN 2018
Publicada el 29/04/18
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¡Hola a todos! Como viene siendo habitual, he querido escribir unas líneas sobre esta edición, ahora que queda tan poquito.  Y he querido hacerlo de una forma un poco distinta, porque hace poco leí un libro sobre Eurovisión (me lo regalaron unos amigos, les mando un saludo) que abordaba el tema con un sentido del humor que me cautivó. Por eso, he intentado reflejar un estilo parecido en esta columna. Vamos, que me meto con las canciones que menos me gustan desde un punto de vista lo más cómico posible. No sé si lo habré conseguido, pero espero que os guste y, sobre todo, quiero dejar claro que lo hago desde el máximo respeto posible. Enjoy!


 


Ya estamos a las puertas de una nueva edición de nuestro festival favorito. El 2018 se presenta como un año, eurovisivamente hablando, muy abierto y con una variedad lingüística y de estilos digna de agradecer. Tengo que reconocer que me daba un poco de miedo que, tras la victoria de Sobral el año pasado, Lisboa se llenara de cantantes melancólicos y canciones tristes. Al final ha resultado que estaba muy equivocado y lo más parecido a una canción trágica es el tema húngaro, con todo el trasfondo de la muerte del padre del cantante y los gritos de angustia y demás. En curioso, si entendiera húngaro, habría pensado que lo de Adiós, verano podía ser el título de una bonita balada irlandesa de los setenta, en lugar del temazo de heavy metal que nos regala el país magiar y que he puesto tercero en mi top. Se ve que lo de los padres difuntos este año es garantía de éxito en mi ranking, porque a Alemania la tengo quinta.


Bueno, la canción de Portugal también es un poco melancólica, pero eso es algo inherente al país. Y es que está bien que los países sean fieles a su estilo. Montenegro, por ejemplo, nos trae la misma canción que… digo, sigue la línea de baladas balcánicas (tal vez no a la altura de las mejores, debo añadir); Chipre tira de eurodiva mediterránea; Azerbaiyán recurre a su fórmula artificial de todos los años y Reino Unido vuelve a demostrar que Eurovisión les importa lo mismo a mí las carreras de caracoles y salva el trámite con lo primero que encontraron (Storm puede tener cierta gracia, pero recordemos que estamos hablando del país que nos ha dado a estrellas del panorama musical actual como Adele, Arctic Monkeys y muchos otros, se lo podrían currar un poco más).


También han sido fieles a sus procesos la mayoría de los países. En Suecia el Melodifestivalen ha vuelto a arrasar a pesar de que el nivel musical ha sido tan pobre que Méndez pudo ser tercero entre el público; Estonia, Letonia y Hungría van por el buen camino, con dispares niveles de los ganadores, eso sí, y Lituania se sigue aferrando a un proceso incomprensiblemente largo que, al menos, este año ha dado sus frutos. Después del intento de canción de 2017 (última en mi ranking y en la mayoría de los que vi), en 2018 nos regalan una preciosidad que de momento se lleva mi medalla de oro. Qué curioso, han pasado del último al primer puesto. Tengo que comprobar si eso había pasado antes… Tanto en mi clasificación como en el Eurovisión real (al revés sí, recordemos a Austria en 2014 y 2015).


Aunque para proceso largo e incomprensible el de San Marino. Resulta que movilizan a medio mundo, consiguiendo seleccionar para la fase final, campamento incluido, a cantantes de países de lo más variopinto (entre los que había propuestas francamente interesantes) para acabar llevando a la pobre Jessika con unos robots hechos por niños de la ESO y a «Jennie B» rapeando como una loca. Al menos tienen asegurados 24 puntitos de Malta. Otros que tal bailan, por cierto. Christabelle se ha salido con la suya después de unas cuantas intentonas, como viene siendo habitual entre los representantes malteses, y lo ha hecho a golpe de estereotipos. Taboo me parece una canción increíblemente poco innovadora, pero si nos basamos en los resultados de Malta de años anteriores quedará en un buen puesto para el jurado… Y está en la semi fácil, todavía se nos planta en la final. Ahora en serio, ¿alguien me puede explicar por qué Malta queda siempre tan bien entre el jurado? No creo que el país tenga poderío económico para sobornar a tanto jurado, a lo mejor lo consiguen por medio de amenazas, o algo así… Y eso habría que investigarlo, sobre todo porque puede que algún año nos llamen a los eurofanes para hacer de jurado y yo no quiero tener tanta presión.


Algo parecido pasa con Australia. Me cuesta creer que vayan amenazando gente, pero lo cierto es que, después de haber recibido mareas de puntos por parte de los jurados en sus tres participaciones, este año ni se han molestado: han decidido ir a lo fácil y mandan a Jessica para que se quite la espinita de 2014, y hasta la mandan con la misma canción. ¿Ah, que es distinta? Bueno, da igual, un top five del jurado lo tendrá.


Tampoco se lo ha currado mucho Rusia. Después de regalarnos el año pasado un capítulo de Eurodrama (con mayúscula) digno de Juego de tronos, han sido firmes a su promesa y mantienen a Yulia como representante. La pobre el año pasado se quedó con las ganas de dejar a Rusia en la semifinal por primera vez en su historia y no pudo, así que se ha propuesto conseguirlo este año. Y va por buen camino, todo hay que decirlo.


Otros que pueden quedarse fuera de la final por primera vez son los rumanos (creo que soy el único al que le gusta Goodbye) y, sobre todo, Azerbaiyán. En la Tierra del fuego están desconcertados viendo como la eurofórmula este año les está fallando y se han desplomado en las apuestas y en los sondeos. ¡Y eso que han apostado por una cantante que también cumple todos los requisitos! Pero es que es difícil conectar con X my heart y, sobre todo, es difícil que sobreviva al baño de sangre que será la primera semi. Los bielorrusos ya lo dan por imposible, por eso han modificado su canción para darle un aire fúnebre incluso antes de que se celebre la semifinal.


También tenemos repetidores con europodios a sus espaldas: Waylon y el Rybak. Waylon apuesta por un country que puede funcionar (aunque reconozco que a mí no me gusta especialmente) y Rybak lleva la canción que compuso cuando estaba en tercero de primaria y su clase se encargaba de la obra de fin de curso. Esto aún no lo he comprobado, pero tiene toda la pinta. En cualquier caso, los dos estarán en la final sin problemas y preveo que rondarán el top ten.


Para terminar, no puedo dejar de nombrar a los favoritos de esta edición: Chequia, con un tema comercial súper pegadizo que lo lleva claro si cree que va a gustar a los jurados; Estonia, con una cantante espectacular y un temazo a la altura (lo único malo que puedo decir de La forza es que me da cosica ver a la pobre Elena tres minutos quieta, de pie, sin moverse) e Israel. De esta última aún no sé qué pensar, pero a día de hoy me parece la propuesta más original y es indudable que es la que más está gustando. Incluiría a Francia, que en la ESC Pre party se llevó una ovación brutal, y a Italia, cuyo tema Non mi avete fatto niente me parece una puñetera (¿se puede decir puñetera?) obra de arte, pero que parece estar pasando bastante desapercibida entre apostantes y eurofanes.


¿Que qué pasa con España? La verdad es que Tu canción me tiene muy desconcertado, no me atrevo a vaticinar un puesto. Creo que TVE debería haber creado un reality solo con Amaia y haberlo retransmitido 24 horas en todos los países de Europa. Así habríamos ganado de calle, no nos habría hecho falta ni añadir a Alfred. Como no lo han hecho, confiaré en que la magia que ha cautivado a Espala llegue a las televisiones de todo el continente (y de Israel y Australia) y consigan para España ese top nine que tanto nos cuesta alcanzar últimamente. Si no, al menos sería bonito que superáramos por fin la barrera de los 125 puntos que puso Mocedades en 1973. Que la UER hasta ha cambiado el sistema de votación porque ya les daba penica que nos quedáramos siempre por debajo de los 100… y ni con esas. ¿Será este nuestro año? Recordemos que España es el país que lleva más años sin ganar, no estaría mal acabar con esa racha...

En fin, yo me despido de momento, ¡nos vemos en Lisboa!

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